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Apetito

«Mi hijo no me come» es una de las preocupaciones más frecuentes de las familias. Las comidas se convierten en una batalla y aparece la tentación de buscar algo que abra el apetito. En la mayoría de los casos, el niño come lo que necesita, aunque a los adultos nos parezca poco. En esta sección de FARMACIA BARCELÓ Los Garres encontrarás complementos pensados para los periodos de inapetencia, y te damos claves para saber cuándo hay motivo de preocupación y cómo mejorar la relación del niño con la comida.

¿Es normal que coma poco?

Durante el primer año los bebés crecen muy deprisa y comen mucho en proporción a su tamaño. A partir de entonces, el ritmo de crecimiento se ralentiza y las necesidades bajan, por lo que es habitual que el apetito disminuya entre el año y los cinco años. Además, en esta etapa muchos niños desconfían de los alimentos nuevos y prefieren siempre los mismos. Si crece y gana peso de forma adecuada en las revisiones, y está activo y alegre, está comiendo lo suficiente.

Causas frecuentes de inapetencia

  • Picar entre horas, aunque sean pequeñas cantidades.
  • Beber mucha leche, zumos o batidos, que sacian.
  • Raciones demasiado grandes para su edad.
  • Comer con pantallas o distracciones.
  • La presión o los nervios en torno a la comida.
  • Una enfermedad reciente, como un catarro o una gastroenteritis.
  • Cambios en su vida, como el inicio del colegio.

Estrategias que funcionan

  1. Establece horarios regulares de comidas y evita el picoteo.
  2. Sirve raciones pequeñas; si quiere más, ya repetirá.
  3. Comed juntos, sin televisión ni móviles.
  4. Ofrece variedad y vuelve a presentar los alimentos rechazados en otras ocasiones, sin insistir.
  5. Déjale participar en la compra y en la cocina.
  6. No le obligues a terminar el plato ni uses premios o castigos.
  7. Pon un tiempo razonable para la comida, de unos treinta minutos, y retira el plato sin enfado.

Complementos para el apetito

Existen complementos infantiles con vitaminas del grupo B, jalea real, extractos de plantas o aminoácidos que se utilizan como apoyo en épocas de inapetencia, por ejemplo tras una enfermedad. Su eficacia es limitada y no sustituyen a las medidas anteriores. No des a tu hijo productos que contengan sustancias que requieren receta sin indicación del pediatra, y recuerda que la jalea real no es adecuada para niños con alergias o asma.

Cuándo consultar con el pediatra

  • Si pierde peso o deja de crecer.
  • Si está cansado, pálido, irritable o con menos ganas de jugar.
  • Si tiene vómitos, diarrea, dolor abdominal o fiebre.
  • Si solo acepta muy pocos alimentos y rechaza grupos enteros.

El reparto de responsabilidades

Una idea útil para reducir las batallas en la mesa es repartir las responsabilidades: los adultos deciden qué alimentos se ofrecen, cuándo y dónde se come; el niño decide cuánto come de lo que se le ofrece. Respetar este reparto quita presión, ayuda a que el niño escuche sus propias señales de hambre y saciedad, y suele mejorar su apetito a medio plazo.

Platos atractivos

Presentar la comida de forma divertida, con colores, formas o pequeñas porciones de varios alimentos, puede despertar la curiosidad de los más pequeños. Incluir siempre en el plato algún alimento que le guste junto al nuevo facilita que lo pruebe. Los niños suelen aceptar mejor las verduras crujientes o asadas que las cocidas.

Después de una enfermedad

Tras una gastroenteritis o una infección con fiebre, es normal que el apetito tarde unos días o incluso un par de semanas en recuperarse. Ofrece comidas sencillas y apetecibles en pequeñas cantidades, asegura la hidratación y no te preocupes si durante unos días come menos: lo compensará cuando se recupere.

El desayuno y la merienda

Muchos niños llegan a la comida sin hambre porque han tomado un almuerzo muy abundante o una merienda tardía, o al revés, no desayunan nada y llegan al colegio sin energía. Un desayuno sencillo con un lácteo, pan o cereales y fruta, un almuerzo ligero a media mañana y una merienda a una hora prudente ayudan a repartir la energía del día y a que lleguen a las comidas principales con apetito.

La actividad física abre el apetito

Los niños que juegan al aire libre, corren y hacen deporte suelen tener más hambre a la hora de comer que los que pasan la tarde sentados. Una hora diaria de actividad física es una de las recomendaciones más útiles, tanto para su apetito como para su descanso y su salud en general.

Adolescentes y comida

En la adolescencia, las necesidades aumentan de nuevo con el estirón. Si un adolescente come muy poco, se salta comidas, se preocupa en exceso por su peso o su imagen, o hace ejercicio de forma compulsiva, conviene hablarlo con el pediatra o el médico de familia.

Preguntas frecuentes

¿Le doy un batido si no come?

Ofrecer leche o batidos como sustituto de la comida refuerza el problema: el niño aprende que, si no come, recibirá algo más apetecible.

¿Las vitaminas le abrirán el apetito?

Solo si hay una carencia. En niños sanos, el efecto es muy limitado.

¿Cuánto debería comer?

Cada niño es distinto. Confía en sus señales de hambre y saciedad.

Te asesoramos

Ven a la calle Mayor, 136, de Los Garres, de lunes a sábado de 9 a 22 horas. Para otros complementos, consulta la sección de vitaminas y jaleas infantiles.